Algo no funciona como esperábamos.
Surgen dificultades que no habíamos previsto.
Tenemos que rehacer cosas que creíamos terminadas.
Empezamos a ver errores que antes ni siquiera sabíamos que existían.
Y entonces aparece una sensación bastante injusta:
“Trabajé tanto… ¿para qué?”
Parece que todo el esfuerzo anterior fue en vano.
Pero quizás esté sucediendo exactamente lo contrario.
Ahora podés ver problemas que antes no estabas en condiciones de ver.
Cuando recién empezamos algo, muchas veces ni siquiera conocemos las preguntas correctas.
Avanzamos.
Aprendemos.
Entendemos mejor el problema.
Y justamente porque sabemos más, empezamos a detectar mayor complejidad.
Eso puede sentirse como un retroceso, cuando en realidad puede ser una señal de que llegamos a una etapa diferente.
Pensalo en desarrollo de software.
Cuando una aplicación empieza a crecer aparecen problemas de rendimiento, seguridad, escalabilidad, experiencia de usuario, mantenimiento...
¿Significa que todo lo anterior estuvo mal?
No necesariamente.
Significa que el proyecto llegó lo suficientemente lejos como para enfrentarse a problemas que antes no tenía.
Y con un emprendimiento pasa lo mismo.
Primero querés clientes.
Después necesitás aprender a atenderlos.
Luego aparecen los procesos, los tiempos, los costos, la organización, las personas, las decisiones difíciles...
Cada etapa trae problemas nuevos.
Y quizás crecer no sea llegar a un punto en el que desaparecen los obstáculos.
Quizás crecer sea estar cada vez mejor preparados para resolver obstáculos más complejos.
Por eso, cuando después de muchísimo esfuerzo de repente parece que todo se complica, antes de pensar:
“Todo lo que hice fue en vano.”
podríamos preguntarnos:
“¿Estoy viendo más problemas porque ahora entiendo mucho más que antes?”
Porque a veces el momento en el que todo parece complicarse...
es justamente el momento en el que todo empieza a tomar sentido.
¿Y SI LOS OBSTÁCULOS NO FUERAN UNA SEÑAL DE RETROCESO?
Quizás ahora los ves porque llegaste más lejos.